Santiago Auserón "Vagamundo"

Como aragonés, me siento orgulloso de una orquesta de calidad como la ORA. Sería un verdadero placer actuar al frente de esta magnífica formación en el futuro, de la mano de su director, el maestro y buen amigo, Ricardo Casero.
09 oct. 2015
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El zaragozano Santiago Auserón es filósofo de formación, escritor y compositor, cantante como pasión y forma de vida. Recién estrenada la década de los 80 participó en la fundación de Radio Futura, grupo con el que obtuvo éxitos reconocidos que siguen sonando en todo el mundo hispano. En 1993 inició una nueva etapa musical, bajo el nombre juglaresco de Juan Perro, que le llevó a obtener nuevos reconocimientos en España y Latinoamérica, entre ellos el Premio Nacional de Músicas Actuales del Ministerio de Cultura, en 2011. Escribe sobre música y pensamiento, da conferencias, publica ensayos como La imagen sonora (Episteme, 1998) y El ritmo perdido(Península, 2012) y ha obtenido el grado de Doctor en Filosofía con una tesis sobre música griega antigua. También participa en proyectos con orquestas sinfónicas, como el Vagamundo que le volverá a llevar a los escenarios el próximo año.

 

 A veces nos empeñamos en compartimentarlo todo: hay música clásica, hay pop, hay rock... parece difícil fusionar, ¿está de acuerdo?

 

Antes de intentar fusionar músicas diversas conviene, en mi opinión, aprender y profundizar en esas tradiciones musicales que, ya sean cultas o populares, provienen de fuentes muy antiguas, aunque parezcan modas más o menos recientes. Yo creo que la fusión no debe ser un ejercicio deliberado, sino producto de la necesidad, de la complejidad vivida por los músicos y compartida con los oyentes. Antiguamente, el músico apenas acumulaba otras experiencias que las derivadas del folclore natal y luego del estudio de la música escrita. Hoy en día es inevitable estar al alcance del influjo de muchas músicas, algunas de las cuales nos tocan más de cerca que otras.

 

 ¿Son distintos los músicos o no pueden abarcar estilos tan diferentes? Usted ha demostrado que no...

 

Todo depende de la educación y del influjo del medio que uno recibe de niño. El intérprete clásico se entrena para la perfección en el instrumento y para la lectura a las órdenes de un director. Éste, a su vez, para el dominio del repertorio clásico y de las sonoridades de la orquesta. El músico popular se forma principalmente en la tradición oral, de forma intuitiva, atento a códigos gestuales y sonoros que a veces no resulta fácil transcribir, que se aprenden por contagio. Una formación integral debiera atender a todos esos aspectos, aunque no diese tiempo a alcanzar un ideal de perfección que puede llegar a ser ilusorio. Eso no quiere decir que haya que renunciar a la belleza formal. Cuando alguien está especialmente dotado para un instrumento o un estilo musical y tiene capacidad de trabajo, debe ir tan lejos como pueda, en el instrumento o en la composición, en un género u otro. La mayor parte de los músicos clásicos o cultivados de hoy en día tienen querencias de adolescente en la música popular. Muchos músicos populares escuchan a su vez música clásica. La música en sí misma no tiene compartimentos, son nuestras experiencias limitadas, nuestras exigencias profesionales, las que crean los géneros. Pero es bueno mantener el oído atento y sin prejuicios.

 

 En su caso, ¿son distintos el Auserón de Radio Futura,  el de Juan Perro, el estudiante de filosofía, el investigador musical, o son diferentes aspectos de un mismo músico, compositor, escritor...?

 

Son distintas facetas de una misma inquietud vital. A veces me preocupa pensar que para hacer bien una sola cosa es preciso dedicarle toda la vida. Me consuelo diciéndome que esta es la vida que me ha tocado, y me alegro de mi suerte. Mi cometido, al parecer, es pasar información o establecer contactos entre diversos campos. Es evidente que no aspiro a ser el mejor en todos ellos. Tampoco me preocupa, creo que en el camino del conocimiento –y la música es una forma de conocimiento– no es indispensable regirse por códigos competitivos. Es indispensable hacer con cada canción, con cada escrito, con cada agrupación sonora, lo mejor que uno pueda. Llegando a ese límite con honestidad, siempre se transmite algo verdadero.

 

 Quizá nunca como ahora haya habido tantos medios, tantos grupos, músicos, cantantes, artistas... ¿Es más fácil hacer cultura ahora o es más complicado?  

 

Hacer algo bueno es siempre difícil, en el arte de élites o en el arte de masas. Lo que favorecen las nuevas tecnologías es un primer abordaje, una información superficial, la indicación de una pista a seguir. Pero la experiencia artística necesita diálogo y maduración interior, formación técnica, pulimento, un proceso duradero. Está claro que subirse al escenario con un grupo de rock adolescente exige menos estudio que convertirse en intérprete o compositor clásico. Pero madurar como rockero también requiere aprendizaje. Por su parte, el joven intérprete clásico echa de menos poder disfrutar de su aprendizaje improvisando con los colegas, como hacen los jazzeros. Hay que tener cuidado con lo que llamamos "cultura", porque hoy en día predomina un modelo cultural periodístico o informativo, lo que los pensadores antiguos llamaban "opinión", frente al conocimiento que exige lentitud y maduración. Algunas artes como el cine, la literatura y la propia música están contaminadas por ese espíritu informativo de nuestros días, que se rige por la fluctuación de las audiencias. La elaboración de una forma artística no tiene mucho que ver con la información digitalizada. Sigue dependiendo de la percepción individual y del contacto con ciertas personas especiales a lo largo de la vida.

 

 ¿Cómo ve la música en general y cual es el compositor clásico que más le atrae?

 

La música sigue siendo un medio de conocimiento fundamental, junto con el lenguaje. Ambos comparten el universo de la sonoridad. El lenguaje designa cosas, las representa cuando no están a nuestro alcance. La música nos pone en contacto íntimo y directo con las fuerzas del cosmos, que cuando se enfrían un poco tienden a la regularidad durante un tiempo. Eso no ha cambiado desde el Paleolítico a esta parte, ni es fácil que cambie, se pongan como se pongan los promotores de la inteligencia artificial, a no ser que acaben definitivamente con la especie. Ellos se llevan bien con la velocidad de la luz, pero desdeñan los humildes secretos del sonido. En cuanto a los grandes compositores clásicos, con la edad voy aprendiendo a escucharlos. Me impresionan cosas particulares de muchos de ellos: una partita para violín, una suite para cello, los libros de clave o las Pasiones de Bach. He aprendido a degustar a Beethoven recientemente, comparando versiones de una misma obra, siguiendo el consejo de los amigos. Lo que antes me parecía previsible admite muy diversas lecturas. Desde la adolescencia me siento más afín a la música contemporánea, lo que otros oyentes perciben como extrañeza a mí me pone de buen humor, me produce sensación de aire fresco, como una tormenta.

 

 Cuesta que los más jóvenes (a veces también el gran público) se acerquen a una sala para ver un concierto de música clásica, a escuchar a una orquesta sinfónica. ¿Qué se puede hacer para cambiarlo? ¿Proyectos como Vagamundo pueden ayudar a motivar a este público?

 

Lo fundamental es transmitir pasión por la arquitectura sonora, que enriquece la sensibilidad y la imaginación, por la obra clásica y por el mundo de la orquesta, por los aspectos sociales que comporta la historia de la música, tanto en la escuela como a través de los medios, al estilo de lo que hizo Leonard Bernstein (un músico excelente, por cierto, tanto en el terreno clásico como en el popular). Podrían empezar por reponer en la tele y editar en dvd de sus Conciertos para Jóvenes. Mi proyecto Vagamundo es un intento por responder dignamente la propuesta de algunas de las excelentes orquestas que hay en España. Gracias a los arreglos de Amparo Edo, puedo soñar con escuchar mis temas con una sonoridad que aspire a captar algo de ciertos músicos de formación clásica que han aceptados los riesgos de la escena popular: Kurt Weill, el Bernstein de West Side Story, Nino Rota, Henri Mancini, etc. Sé que suena pretencioso, pero todo se puede lograr con ayuda de los amigos.

 

 Conoce la Orquesta Reino de Aragón? Como ve esta iniciativa?

 

Como aragonés, me siento orgulloso de una orquesta de calidad como la ORA, capaz de programar a los clásicos con acierto, creando la misma expectación entre el público más instruido y el público joven. Sería un verdadero placer actuar al frente de esta magnífica formación en el futuro. Todavía más, de la mano de su director, el maestro y buen amigo, Ricardo Casero.

 

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