La entrevista más personal de Ricardo Casero

“Con la ORA hemos hecho lo que nadie estaba dispuesto a hacer, una orquesta aragonesa con identidad propia y calidad internacional”
28 ago. 2015
Comentarios

Ricardo Casero llegó al mundo de la música, más bien la música llegó a él, casi por casualidad y como si de un juego se tratara. Aún así, se la ha tomado tan en serio que lleva varias décadas dedicándole su vida. Su pasión por la música, se reparte entre dos facetas: la de instrumentista y la de director que, por ser la más desconocida para él, es en la que más se vuelca últimamente. Dicen, los que le conocen que, es una persona de fuertes convicciones, pero eso no está reñido con la cercanía que demuestra con todo aquel que tiene cerca.

Cuando uno lo ve sobre la tarima, y con la batuta en la mano, no se imaginaría que, quizá un día después, pueda estar subido en su bici o disfrutando de la naturaleza que, para él es algo similar al “paraíso de la música”. El público valorará cómo suena la orquesta, pero quienes le tienen delante como director, apuntan a una plasticidad en su gesto, fuerte personalidad y claridad de ideas que, facilita el entendimiento entre los intérpretes y él mismo. Casero insiste "la música no se creó para recrearla, solamente para ser interpretada".

Ha viajado por todo el mundo y quizá, por eso, encuentra el refugio perfecto en Aragón, de norte a sur, es un enamorado de los Pirineos y de la provincia de Teruel.

Ha tocado con las mejores orquestas del mundo, con los mejores directores. Esa experiencia como músico, hace de él un director con un claro y decidido futuro.

Repasamos con él su trayectoria, y también hablamos de la Orquesta Reino de Aragón, un proyecto al que llegó, para quedarse en 2013.

 

 

Ricardo, ¿cuéntanos cómo llegaste a la música?

Más que llegar yo a la música, ella me encontró a mí de forma muy curiosa: mi casa, en la localidad valenciana de Buñol, linda con la sociedad musical ‘La artística’, así que he escuchado música durante toda mi vida; pero hubo una anécdota que recuerdo y que, fue la que me hizo, no sólo ser músico, si no escoger el instrumento que sería mi compañero de viaje durante toda mi vida. Mi madre tenía una tienda de objetos de regalo, y en Navidad, también solía traer juguetes para vender. Como puedes imaginar, siendo un niño de 6 años, aquello era como un paraíso: durante un par de semanas, podía estar rodeado de todos los juguetes del mundo, me sentía como en una película de Walt Disney. Una de esas navidades, me sorprendió un juguete más que cualquier otro. Era un trombón de plástico blanco, la vara funcionaba igual que la de un trombón real, (no tan real  era su sonido... ) Aquel juguete me cautivó para siempre; tanto es así que, al comenzar el solfeo con 7 años, exigí a mis padres tocar el trombón para seguir con aquello. Tuve que esperar varios años para conseguir un trombón de varas de verdad, ya que en aquella época era muy complicado, pero lo conseguí y realicé mi sueño.

 

Vaya, ésa si es una gran forma de encontrar una pasión… ¿cuándo supiste que, aquella afición por el trombón que no iba a ser sólo un hobby?

También fue siendo muy joven. Con tan sólo 14 años, decidí seguir adelante y viajar a Madrid, influenciado por mi hermano que había emprendido ese camino antes que yo. Empecé de cero con el trombón de varas e hice la carrera en tan sólo tres años, también gané mi primera oposición como trombón solista de la Orquesta Sinfónica de Madrid, que actualmente es la orquesta titular del Teatro Real.

 

Siempre se ha dicho que ésta es una profesión exigente: durante la formación porque hay que renunciar a muchas cosas, pero es algo que se mantiene a lo largo de toda la carrera, ¿merece la pena o, con la perspectiva del tiempo, lo cambiarías por otra cosa? 

Es cierto, es una de las carreras más exigentes y duras que existen: jamás se aprende lo suficiente, así que tú mismo te conviertes en tu peor y en el más exigente de los profesores. Aunque, a pesar de todo, recomiendo, aprecio y respeto mi profesión, de hecho, estoy seguro de que es la que más feliz me hace, sin duda alguna. No podría hacer otra cosa que no fuera vivir dentro de este paraíso de la música, imposible.

 

Vamos a volver a esos años de tu formación, ¿qué es lo que recuerdas con más cariño?

Lo recuerdo todo con mucho cariño: mis colegas de la banda, mis primeros profesores, los que me enseñaban a contar compases y me guiaban en mis inicios, los que conocí después en Madrid... todos ellos han sido importantísimos; pero quizá, lo que recuerdo con más cariño es mi paso por la Joven Orquesta Nacional, entre 1985 y 1988. Era la primera JONDE, eso fue lo que determinó mi carrera y lo que me permitió salir de España para encontrar el camino real hacia lo profesional.

 

En esa carrera profesional de la que hablas, y con una trayectoria como la tuya, has podido tocar a las órdenes de algunos de los mejores directores del mundo. Supongo que elegir a uno es difícil, pero ¿con qué te quedas de cada uno de ellos? 

Algunos de los que más me han marcado han sido Bernstein, por su carisma; Abbado, por su ductilidad; Maazel, por su experiencia serena; Metha, por su técnica y su nivel de control emocional; y Chailly, por su respeto al autor,por su rigor y por el trabajo perfecto en todos los sentidos. Aún así, debo decir que, hay muchos otros a los que sería injusto no nombrar, pero se haría interminable, espero me perdonen. Creo que he disfrutado mucho con la gran mayoría, aunque parezca un tanto extraño decirlo. 

 

Me imagino que, eso te sirve ahora en tu carrera como director, ¿qué intentas tener en cuenta, qué es lo que más cuidas cuando te pones delante de la orquesta? 

Mi trabajo consiste en sacar del grupo todo el potencial posible, ponerlo al servicio de todos y después, seguir con el máximo rigor lo que el autor ha plasmado en la partitura. Huyo de las interpretaciones individuales y de las creaciones personales del director, la música no se creó para recrearla, solamente para ser interpretada.

 

 Y aunque estés haciendo un amplio trabajo como director, no dejas de lado el trombón, ¿es difícil compaginar las dos facetas?

Mucho, a veces imposible, pero es cuestión de trabajo y disciplina.

 

Entonces, ¿te pongo en un compromiso si te pido que elijas una de tus dos facetas como músico: trombón o dirección? 

Esta pregunta es una de las más habituales. En mi faceta de instrumentista creo haber hecho casi todo: Jazz, Música antigua, Salsa, grabaciones de todo tipo, comerciales, pop, he obtenido premios nacionales e internacionales, he tocado como solista en varias ocasiones, también, he sido solista de la Orquesta Sinfónica de Barcelona durante 16 años, 3 más en la Sinfónica de Madrid y ahora llevo 10 años en la Ópera de Valencia, en Les Arts… en cambio, sólo llevo 9 años dirigiendo orquestas. Por eso, creo que la balanza se inclina a lo segundo, sólo por querer explorar y experimentar lo que no conozco, es una gran fuerza la que me hace declinar ahora mi esfuerzo hacia la dirección.

 

Bien, hablemos pues de esa faceta como director. En concreto, nos centramos en la Orquesta Reino de Aragón (ORA) ¿cómo llegaste?

Fue de la mano de su Director General y buen amigo, Sergio Guarné, un hombre honesto, sincero, trabajador y muy capaz. Él me ofreció hacerme cargo de la formación después de un programa dedicado a Verdi, acepté y hemos hecho lo que nadie estaba dispuesto a hacer: una orquesta aragonesa con identidad propia, calidad internacional y un valor añadido a una comunidad activa, moderna y madura como es la aragonesa. Esta comunidad merece tener un proyecto así, más que algunas otras.

 

Al no ser una formación que depende de una administración ¿qué pesa más: la libertad para poder emprender cualquier proyecto o las dificultades para hacerlo? 

Lo que pretendemos con la Orquesta es muy simple: ser parte de la Comunidad, llevar su nombre y hacer que los aragoneses sientan a la ORA como su orquesta. Para eso, es imprescindible aunar esfuerzos entre las Administraciones, para poder generar un bien común.

 

Creo que, hasta ahora convencer a las instituciones no está siendo una tarea sencilla, ¿qué tendrían que entender?

La ORA no es un negocio, pretendemos que sea un modo de vida para muchos músicos aragoneses que no encuentran su sitio en la Comunidad porque no se les brinda una oportunidad. Así que, la ORA es una plataforma de trabajo para los músicos aragoneses porque, me atrevo a decir que el 90 por ciento de los músicos que acaban sus estudios superiores en Aragón no trabajan en esta Comunidad. Eso implica que, lo que invierten los aragoneses en esos jóvenes estudiantes durante toda su carrera, se pierde, no se reinvierte en la región porque no hay salidas profesionales. La ORA nació con ese afán y, aunque es duro, insisto en que no es un capricho de cuatro ‘amiguetes’; es una necesidad y, además, inmediata.

 

Entiendo entonces que, hacen falta más ayudas y, no sólo económicas, para poder sacar adelante la Orquesta Reino de Aragón.

Un proyecto de esta envergadura necesita mucho esfuerzo de todos: políticos, educadores, profesores y de los gestores culturales. Tenemos una gran responsabilidad con nuestros jóvenes, necesitan verse reflejados en gente seria, con modelos dignos, así que esto no trata de tener una orquesta para pasarlo bien, sino que es una labor social y educacional importantísima porque la música es patrimonio de todos y, nuestra responsabilidad como profesionales, es no dejar que caiga en la desidia colectiva. Las nuevas generaciones nos necesitan y esperan de nosotros la respuesta anhelada: ‘si se puede…’

 

El trabajo con la ORA comenzó en 2013, ya van varias temporadas, ¿cuál es tu mejor recuerdo hasta este momento?

Mi mejor recuerdo…mmmm ¡¡nuestros conciertos en Riva del Garda!! Allí se nos aprecia por lo que somos y por lo que hacemos cada año, sin prejuicios. Eso reconforta. Sí, esos momentos son inolvidables.

 

Ya estarán trabajando en lo siguiente, ¿qué es lo próximo con la Orquesta Reino de Aragon?  

Este año nos hemos propuesto seguir en la misma línea que hasta ahora: serán 25 conciertos, dos óperas y un Oratorio. Así que, comparado con la actividad que tenía la Orquesta hace dos años, hemos hecho un milagro. Hasta final de año tenemos cuatro proyectos más: Wagner, Brahms, Strauss, Händel… No sabría decir con cuál de ellos me quedo.

 

 

También te puede interesar

La violinista más internacional con su mejor Vivaldi

28 nov. 2014
Sarah Chang y la Orquesta Reino de Aragón unidos en Turquía y Alemania interpretando las Cuatro Estaciones de Vivaldi, una experiencia única para los músicos de la formación aragonesa.

Comentarios